jueves, 15 de octubre de 2009

¡Correa un demagogo!

Según la Real Academia de la Lengua Española la demagogia, es una práctica política que consistente en ganarse con halagos el favor popular. Es una degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos elementales de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder.
La Demagogia (del griego δῆμος -dēmos-, pueblo y ἄγειν -agein-, dirigir) es una idea política que consiste en apelar a emociones (sentimientos, amores, odios, miedos, deseos) para ganar el apoyo popular, frecuentemente mediante el uso de la retórica y la propaganda. Aristóteles la define como "el predominio de los pobres con exclusión de los ricos".[1]
Desde antigua Grecia se ha caracterizado la demagogia por constituirse en una falsificación y una corrupción de la democracia. Demóstenes sentenciaba "Ponte una corona, haz una libación a la estupidez y ataca a tu rival denodadamente". Otra vez en opinión de Aristóteles: "Las democracias se alteran sobre todo por la insolencia de los demagogos".
“El demagogo no necesariamente conduce a las masas a la revolución sino que las instrumentaliza para sus propios fines personales, para proceder, una vez obtenida una amplia aprobación, no ya a un proceso de democratización o de trasformación del sistema sociopolítico, sino a la instauración de un régimen autoritario, del que el demagogo sea el indiscutido y despótico jefe (Führer, Caudillo), o al acuerdo con las autoridades y las instituciones existentes con tal que éstas le reconozcan una función indiscutible. De esta manera los mecanismos represivos acentúan, en lugar de disminuir, las características autoritarias del gobierno y de la sociedad, e impiden la toma de conciencia por parte de las masas.”
El demagogo es un centauro de la vida política cuando empieza su discurso se percibe cual es su intención: el mandato, la dominación, el lucimiento, pero, fundamentalmente, la permanencia en el torbellino del éxito. Es un líder figurativo en el escenario político. El demagogo es egocéntrico y no soporta que otro le "robe" el escenario. Tiene una fluida oratoria insultante contra sus oponentes y su habilidad para halagar al pueblo. El demagogo vive de la exaltación a su imagen, de los aplausos y los elogios. Es un vampiro, con fluida oratoria que succiona la sangre provocativa de sus oponentes y al pueblo que tanto dice querer por su habilidad de halagar con granos de lenteja.

No hay comentarios:

Publicar un comentario