“Nadie piensa, donde todos lucran;
nadie sueña, donde todos tragan.”
José Ingenieros
La cada vez es más numerosa lista de escándalos que salpican al desgobierno de Correa y su entorno. El Ecuador está llegando a los límites impensados en cuanto al grado de corrupción y anomia, donde se pincha sale pus. Muchos argumentaran que la corrupción no es patrimonio de la llamada Revolución Ciudadana, y que no hay país en el mundo que esté libre de ese mal. Sin embargo, los problemas radicas en varios factores como el “modus operandi” ”, es decir en los medios utilizados para acceder a los fines buscados. Las declaratorias de emergencia en los diferentes sectores del estado es proclive a la dedocracia, los contratos no pasan por los organismos de control, etc., etc. Hoy por hoy se sigue escuchado los enriquecimientos ilícitos, el famoso tráfico de influencias, las coimas, los padrinazgos, etc. Son pocas las instituciones que se salvan, respetables por cierto. A tal punto se ha llegado que la pluralidad de casos de corrupción que se esparcen a diestra y siniestra.
Pero frente a estos hechos, quizás haya algo más preocupante todavía: la pasividad del pueblo. La reacción brilla por su ausencia, el ceño fruncido de cualquier transeúnte es el único signo de vitalidad y sangre en las venas que parece tener hoy, el ciudadano ecuatoriano. Y no se trata de pretender revoluciones o cacerolazos mancomunados. Se trata de reaccionar y no dormirse en la creencia de que el voto es la única herramienta.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario